Dieciocho años después, César se volvería a ‘encuerar’ por Real Cartagena


Foto: Archivo – El Universal.

A César Alfonso Revollo, trabajador de una confitería en el Centro Histórico de Cartagena, la vida y el nombre le cambiaron el 28 de noviembre de 1999. Desde ese día, cuando su equipo del alma, Real Cartagena, volvió a la primera división del fútbol profesional colombiano tras siete años en la penosa primera B, a César dejaron de llamarlo por su nombre de bautismo, y se convirtió en “El encuero” Revollo.

“Eran las 4:50 de la tarde y yo me empeloté en el estadio, el día que ganamos el primer ascenso”, relata Revollo, quien hoy se dedica al mototaxismo. Todo inició como una promesa. “Ese año había viajado con amigos a Neiva, a un partido contra el Huila, y yo venía todo cabizbajo en el bus de regreso. Y dije “el día en que Real Cartagena suba a la A me voy a meter en el estadio, encuero, y voy a correr encuero celebrando el triunfo”. Y todo salió bien”, dice César.

Revollo planeó todos los detalles de su desnudo. Incluso se preparó para el posible castigo que tendría. “Yo le preguntaba a los policías qué pasaba si me encueraba en el estadio. Me decían que daba 72 horas de arresto, me decían que si estaba de buenas, salía al día siguiente. Y lo decidí”, dice.

Todo parecía frustrarse para Revollo el día del partido por cuenta de las boletas, las cuales por poco no consigue. Duró tres horas en la fila. Pero cuando llegó al entonces Pedro de Heredia, casi no lo dejan entrar, porque había sobrecupo en la tribuna de sombra.

“Pero logré entrar, y un amigo me recordó la promesa. Con mi hecho pensado bajé e intenté sobornar a unos policías para que me dejaran entrar a la cancha, les iba a dar cincuenta mil pesos. Me dijeron que estaba loco. Y luego me encontré con un amigo que era policía, que me dijo que me iba a colaborar, pero en el momento no lo encontré”, cuenta emocionado “el encuero”.

“Terminé bajando por el camerino, y escuché una bulla. Los policías salieron corriendo y me dejaron la puerta sola. Solo tenía puesta una pantaloneta, y me la quité. De pronto vi a quince policías, como si me estuvieran esperando, igual que una cámara. Pero sucedía que Real Cartagena acababa de hacer el segundo gol, con eso éramos campeones. Cuando salí pensé que el estadio se iba a caer, la gente gritaba “cójanlo”. Entré a la cancha saltando, gritando “somos campeones”. La policía en ningún momento me capturó, yo me entregué. No me golpearon, me metieron al camerino y el comandante me preguntó si estaba trabado o borracho. Me sacaron, me montaron en una patrulla, y al rato me sacaron”, describe el osado hincha cartagenero.

Así luce hoy César “El encuero” Revollo, quien se dedica al mototaxismo.

Pero “el encuero” se defiende entre risas y dice que no estaba encuero. “Yo no estaba desnudo: tenía unas gafas y unos tenis. Y la bandera de Cartagena”, sostiene. La osadía la repitió en 2002, “me volví a encuerar protestando porque Real Cartagena se abrió de piernas y volvimos a ir a la B”.

Revollo reconoce que se ha alejado de su gran amor, Real Cartagena. “Voy poco al estadio, ya tengo familia”. Pero su pasión sigue viva. “Tengo una camiseta que mide 15 metros de largo por 9 de año, una tapatribunas. Este año no la llevé porque no le vi perrenque al equipo para subir, pero tengo fe en que en 2018 vamos a ascender”, dice.

Hay quien dice que ese día, en 1999, hubo dos figuras del ascenso: nuestro personaje y David Ferreira, a quien halagó por su trabajo este semestre, en la vuelta al equipo. “Vi a Ferreira jugando bien, lo admiro, es un excelente jugador. Pero una sola golondrina no hace verano, hay que hacerle un buen equipo, traerle compañía. Y gente de experiencia, que sepa manejar los partidos”, argumenta.

“Sí me empelotaría de nuevo, para que el equipo lo manejen mejores personas”, dice César, enfático, seguro. “Pero el problema va más allá de la administración”, inquiere. “Los hinchas no exigimos a la directiva un equipo competitivo, porque la mayoría de los hinchas entran con boleta de cortesía. Yo compro mi boleta para poder exigir un equipo competitivo. Compremos la boleta para exigirle a los dirigentes, sin ofensas”, propone el hincha heroico.

César afirma ser el primer hincha en haberse tatuado el escudo de Real Cartagena. “Rodrigo Rendón lo tiene en un brazo pero yo lo tengo a colores en la espalda. Ese es el escudo original, al que deberíamos volver. Señor Gobernador, si va a llegar al equipo, cambiéle el escudo y devuélvale el escudo tradicional”, pide.

Revollo promete que en 2018 volverá al templo de su locura, el estadio Jaime Morón. “El encuero el año que viene va a ir a todos los partidos, va a apoyar a Real en cada juego, y voy a llevar el tapa tribunas”, dice.

Es imposible no preguntarle si se volverá  a quitar la ropa en caso de ascender. “No sé si me vuelvo a encuerar cuando ascendamos, de pronto sí. Pero que sea una sorpresa. No puedo adelantarlo porque me esperan”, concluye.

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Redacción Primer Tiempo

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