Cruz Azul tiene todo encaminado para incorporar al delantero colombiano Miguel Borja de cara al Clausura 2026. Según fuentes cercanas a la negociación, el acuerdo está cerrado y solo resta la firma para que el atacante se convierta en nuevo refuerzo del club. El contrato contemplaría un salario cercano a los tres millones de dólares anuales, cifra que lo ubicaría entre los mejor remunerados de la Liga MX.
La llegada del colombiano a La Noria se daría en los próximos días y la operación incluiría, además, la incorporación de otro futbolista al plantel, en línea con el plan de la directiva para reconfigurar la ofensiva. En lo contractual, el entendimiento entre las partes está completo y no se reportan obstáculos de último momento.
El punto crítico aparece en el plano reglamentario. Con el arribo de Borja, Cruz Azul quedaría al límite del cupo de futbolistas no formados en México, fijado en nueve por la Liga MX. Para registrar al delantero, el club deberá liberar al menos una plaza de extranjero, algo que hasta ahora no ha logrado concretar.
Esa restricción empieza a impactar otras gestiones del mercado. El caso más visible es el de Agustín Palavecino, mediocampista argentino cuyo fichaje estaba avanzado. Su eventual incorporación exigiría una segunda plaza disponible, escenario que hoy luce complejo mientras no se produzcan salidas.
El contexto obliga a la directiva cementera a tomar decisiones en un mercado ajustado: desprenderse de jugadores, equilibrar el proyecto deportivo con las normas vigentes y evitar que un movimiento de alto impacto condicione el resto del armado.
Así, mientras Borja está a una firma de vestir la camiseta de Cruz Azul, el club enfrenta un desafío paralelo que no se resuelve en el contrato: encontrar el espacio reglamentario para que el fichaje pueda concretarse sin bloquear otras piezas del plantel.




