Era un pelao cualquiera de barrio popular cartagenero: jugando en la calle hasta tarde, corriendo por la arena y el pavimento con un balón de fútbol, tirándose bolsitas de agua en las fiestas de noviembre. Pero estaba tocado por el destino. Su juego, su fútbol, su talento, era muy distinto al de los demás. Jorge Andrés Carrascal Guardo estaba destinado a hacer parte de la historia.
Nació el 25 de mayo de 1998, vivió sus primeros años en Chiquinquirá, en el hogar de Jorge Luis y Olga. Allí, en la canchita de microfútbol, cuando todavía tenía los dientes de leche, pateó sus primeros balones. Las cosas de la vida separaron a sus padres, y se fue a vivir a Escallón Villa, junto a sus abuelos maternos. Escallón Villa, el barrio donde se hizo hombre, donde se hizo futbolista… donde se hizo príncipe.
“Siempre mostró calidades innatas, era un jugador explosivo, cuando arrancaba no podían pararlo, era un niño que se divertía con la pelota. Yo le veía una dificultad, que retrocedía y se quedaba en el medio, pero lo fuimos formando para que mejorara y aprendiera”.
Quien lo cuenta es Rafael Guardo Castro, su tío abuelo y su descubridor para el fútbol. Rafa, fundador de Heroicos FC, una escuela que en esos tiempos formaba a jóvenes de bajos recursos en las faldas de La Popa, fue quien llevó a Jorge, con seis años, a sus primeras clases.

Y en el fútbol aficionado de Bolívar, su nombre empezó a conocerse. Academia de Crespo lo tuvo dos años, a préstamo, y luego volvió a Heroicos. Todos los equipos lo querían: viajó con cualquier cantidad de equipos de La Heroica a torneos nacionales en todo el país, siempre a préstamo.
El fútbol siempre fue su pasión. Más jugarlo que verlo. “Era inquieto, le gustaba mucho la calle, estaba hasta tarde en la calle jugando fútbol, y tenían que salir a buscarlo cada noche”, cuenta Guardo. Su abuelo, Bildonio y su abuela, Margarita, corrían detrás de él para que regresara a la casa. Así también era capaz de quedarse todo el día en las entonces polvorientas canchas de Alameda La Victoria, viendo partido tras partido.
Siendo todavía un niño, se perdió con sus amigos. No lo encontraban. Se había ido en mula a El Carmen de Bolívar a ver un partido de Real Cartagena, el equipo de sus amores, del que confiesa ser hincha y donde, dice, quiere retirarse en el final de su carrera. El regaño de su mamá fue inenarrable.
Jugando en Heroicos, a los 16 años, Lucho Grau lo llevó a un torneo nacional con la Selección Bolívar en Barranquilla. Allí lo vio Neys Nieto, quien convenció a los directivos de Millonarios que había que tenerlo en el club. A esa edad, Jorge se fue a perseguir su sueño, y debutó como profesional, jugando tres partidos en primera división. Ricardo Lunari, el técnico azul, lo comparó inclusive con Juan Román Riquelme.
“Cuando venía de vacaciones era una pelotera porque quería estar en la cancha de Los Calamares jugando, y yo tenía que irlo a corretear”, cuenta Rafa. El talento de Carrascal llevó su nombre hasta el otro continente, y el Sevilla de España se enamoró de su fútbol. Tanto, que lo compraron sin importar que Jorge Andrés estaba recién operado de una grave lesión de rodilla.

Esa lesión, la que casi le cuesta una pierna a Carrascal. Estuvo a punto de perderla: con el filial del Sevilla sólo jugó un partido, porque volvió a lesionarse y tuvieron que repetir la cirugía, con tan mala fortuna, que se infectó de una bacteria que estuvo muy cerca de provocar la amputación de su pierna. Pero la magia triunfó, y “El príncipe se recuperó”.
No pudo debutar en España, y la vida lo llevó muy lejos: al Karpaty de Ucrania, donde se convirtió en una figura. Su juego descrestó, y hasta le decían “el Neymar colombiano”.
“No me imaginé nunca estar acá tan lejos, pero así es la vida, así es el fútbol y así es el destino. Si a uno le gusta y quiere luchar por sus sueños, le toca sacrificarse. Es difícil estar solo, más tan lejos de mi casa y mi familia. Pero estoy acostumbrado desde pequeño a lucharla solo, y creo que ya se me hace más fácil. Me estoy acostumbrando a Karpaty”, le contó en su momento a este portal.
Así, luego de ser uno de los mejores jugadores de la liga ucraniana, llegó a River Plate, donde Marcelo Gallardo lo cuidó y lo protegió como a un hijo, y poco a poco, le dio el espacio que su talento se fue ganando. Con River Plate ganó seis títulos.
Luego fue a Rusia, y aunque con el pomposo CSKA no le fue bien, a pesar de ganar una Copa de ese país, supo encontrar su espacio en el FC Dynamo. Antes del Mundial de Clubes, Flamengo, uno de los más grandes de Brasil, dirigido por Filipe Luiz, posó sus ojos en él, pero los tiempos no dieron para que el cartagenero pudiera unirse al equipo negro y rojo antes de la cita orbital.
Pero al que sabe esperar, todo le llega a su tiempo: Jorge Andrés fue recibido con emoción por los hinchas, y con su fútbol, se ganó un lugar en el equipo. 19 partidos, 3 goles, 4 asistencias, y mucho talento derrochado en el suelo del mítico Maracaná, y en estadios de Brasil y de Sudamérica. Su pie dio vida al gol que llevó a Flamengo a ganarle la serie a Racing de Argentina, y clasificar a la final.
Y esta vez, contrario a su mala suerte en 2019 con River Plate, sí la jugó. Y sí la ganó.
La camiseta de La Tricolor se la había puesto en un Sudamericano sub-17, donde le hizo gol a Argentina. Volvió a ser citado en 2020 a la Selección sub-23: fue la figura de Colombia, marcó tres goles, pero la selección no clasificó a los Juegos Olímpicos.
Muchos lo pidieron para la Selección de mayores. Él espero con paciencia su momento. Era su sueño desde niño. “Algún día espero el llamado, lo esperaré. El tiempo de Dios es perfecto y mientras tanto seguiré trabajando, sueño con ese llamado a Colombia”, le contó a #PrimerTiempoCO en diciembre de 2021.
Y el día llegó, de la mano de Néstor Lorenzo, para quien ha sido un jugador de su confianza. Jorge debutó en un partido amistoso en el Red Bull Arena de Nueva Jersey, Estados Unidos, ante Guatemala, el sábado 24 de septiembre de 2022, poniendo la asistencia para el cuarto gol marcado por Yaser Asprilla, en 2022. Desde entonces, ha jugado 21 partidos con la tricolor, 11 amistosos, 7 de Eliminatoria y 3 de Copa América, anotando dos goles, en los amistosos ante Corea del Sur y otro ante Estados Unidos, y poniendo dos asistencias. Con Colombia, sufrió el trago amargo de perder la final del torneo continental en Estados Unidos, ante Argentina en la final.
El pelao incansable que corría tras un balón por las calles de Cartagena, hace parte desde hoy de la historia dorada del fútbol colombiano, y se convirtió en el tercer futbolista nacido en esta tierra en levantar el trofeo de campeón de la siempre deseada Copa Libertadores de América, la gloria eterna.




