El tenis despide a uno de sus grandes protagonistas. Stan Wawrinka puso fin a su carrera profesional a los 41 años, dejando un legado marcado por sus grandes conquistas y por haber desafiado a los tres gigantes que dominaron este deporte durante más de dos décadas.
El tenista suizo conquistó tres títulos de Grand Slam: el Abierto de Australia en 2014, Roland Garros en 2015 y el US Open en 2016. Además, ganó la medalla de oro en dobles en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 junto a Roger Federer y fue pieza importante en la conquista de la Copa Davis por Suiza en 2014.
Su trayectoria tuvo un mérito especial por desarrollarse en una época dominada por Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic. Wawrinka logró imponerse en finales de Grand Slam ante Djokovic en Roland Garros 2015 y el US Open 2016, cuando el serbio partía como favorito.
Su revés a una mano se convirtió en una de sus principales señas de identidad, gracias a la potencia y precisión con las que golpeaba la pelota. Su fortaleza física y su capacidad para competir desde el fondo de la cancha también le valieron los apodos de ‘Stanimal’ y ‘el Bisonte’.
El éxito, sin embargo, llegó después de un largo proceso. Wawrinka tardó varias temporadas en alcanzar las instancias decisivas de los grandes torneos y encontró su mejor versión cerca de los 30 años, cuando comenzó a levantar los trofeos más importantes de su carrera.
En 2014 también conquistó el Masters 1000 de Montecarlo y alcanzó el tercer puesto del ranking mundial, la mejor posición de su trayectoria.
Aunque durante buena parte de su carrera vivió bajo la sombra de Federer, su compatriota, Wawrinka construyó una historia propia y demostró que era capaz de competir contra los mejores de su generación.
Con su retiro, el tenis pierde a un jugador que convirtió la perseverancia en su mayor virtud y que consiguió abrirse un lugar entre los campeones de una de las épocas más exigentes de este deporte.



